
Aunque el 80% de los españoles sabe que las radicaciones solares son perjudiciales para su piel, solamente el
20% usa correctamente la protección adecuada, según datos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Esto se debe a que la
mayoría ignora las pautas precisas para ello.
El sol en sí no es malo. De hecho, tiene efectos fisiológicos positivos sobre el organismo: produce vasodilatación, por lo que reduce la tensión arterial –de ahí ese efecto placentero que nos causa– y favorece la circulación sanguínea periférica, estimula la síntesis de vitamina D, que previene del raquitismo y la osteoporosis, y actúa como tratamiento en algunas enfermedades de la piel como el acné, la psoriasis, etcétera. Es más, «en algunos casos estimula la síntesis de los neurotransmisores cerebrales responsables del estado anímico, quizá por eso se relaciona a los países cálidos con la alegría y la juerga y a los países fríos con la seriedad y la depresión», afirma el doctor Julián Sánchez Conejo-Mir, presidente de Honor de la AEDV y experto que explica los efectos del sol y cómo protegernos.