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Jun
25

La beneficiosa experiencia de un cliente es lo mejor para Balneario de Archena

Sin duda alguna, el trabajo diario del equipo profesional del Balneario de Archena es conseguir la satisfacción de sus clientes. Por eso, recibir la carta que a continuación os enseñamos, es lo mejor que puede pasarle al balneario.
MUCHAS GRACIAS EDUARDO
 
“Por Eduardo Reynal Llácer
A la edad de veinte años, sufriendo ya, pese a la juventud, de frecuentes dolores los médicos me diagnosticaron padecimiento de reuma. Me enviaron a especialistas, quienes me recetaron diversas medicinas, incluyendo dolorosas inyecciones. Al cabo de un tiempo, después de haberlo probado casi todo, tuve conocimiento a través de mi madre, a quien le habían informado sus amigas, de la existencia del Balneario de Archena de aguas termales, así como de sus beneficios casi milagrosos. Fuimos ella y yo por primera vez el 15 de mayo de 1952. Tomamos el autobús de mi pueblo, Alcàsser, a la capital de provincia Valencia y de aquí en tren hasta Murcia. Una vez en esta ciudad, empalmamos con el autobús, nada cómodo, por cierto, de Murcia a Archena. Al llegar a esta población, subimos a una tartana, la cual hacia el servicio por una módica suma al balneario. Una vez aquí, nos hospedamos en el antiguo Hotel León en una pequeña habitación, pero teníamos el derecho al uso de cocina, aunque había que preparar la comida en un fogón, que funcionaba a base de leña. Aquí mi bendita y paciente madre guisaba todos los días para los dos. Claro está, para abastecernos de lo necesario para la cocina, teníamos que ir casi a diario en otra tartana al centro del pueblo. Comíamos en una sala comunitaria, en donde había una gran mesa con sillas.

La labor de rehabilitación consistía en acudir por las mañanas a la consulta del médico, quien nos atendía amablemente y luego bajábamos a la piscina cubierta, que estaba a la entrada del balneario orilla al rió. Allí nos metíamos por turnos individualmente, de donde salíamos, pasado el tiempo reglamentario a indicación del bañero o vigilante, quien con una manguera nos limpiaba del barro que se hubiera podido acumular. Luego nos arropaban con una manta y entre dos te colocaban en una especie de sillón y te llevaban a la habitación, ya que entonces no existían ni el ascensor ni el túnel que lleva directamente a los baños.

Empecé a acudir al Balneario de Archena, como dije, en el año 1952 y seguí año tras año hasta el 56, año en que me casé con la que aún es mi actual y querida esposa, Amparo Sanfelíu. El viaje de bodas estuvo dividido: ocho días en Madrid y nueve días en Archena. En los años siguientes íbamos ambos desde mi pueblo, Alcàsser, a Archena en moto “Vespa”, una distancia de 210 km. Nos alojábamos en el Hotel León, con derecho a cocina compartida, por lo que teníamos que cargar en el reducido e incomodo vehículo ¡En la parte de delante, la olla y en la de atrás, la maleta!

En 1970 monté un negocio en mi pueblo, por lo que estuve tres años sin poder ir a Archena. Iba a especialistas, reumatólogos, etc, quienes me recetaban un sinfín de medicamentos, que vinieron a perjudicarme el estómago. Uno de estos médicos, el de cabecera, era un amigo de infancia, D. Manuel Abril (q.e.p.d.), quien me dijo cierto día, en confianza que dejara las medicinas y volviera a los baños de Archena. Hice caso de su consejo y reanudé mi sesión anual de baños medicinales e inhalaciones, lo que he continuado haciendo hasta el presente junio de 2013. ¡Un total de sesenta y un años!, sintiéndome bien, sin necesidad de tomar calmantes, anti inflamatorios, etc, para el dolor, ni para la inflamación de garganta, por la faringitis crónica que padecía.

Ahora es mi hija y mis nietos (que van desde que han nacido) los que esperan con ansia, todos los años sus vacaciones en el Balneario de Archena.

Mi sincera gratitud al director D. Miguel Lloret , Dª Paquita Garcia responsable de Atención al Cliente y a todo el personal del Balneario , que con tanta amabilidad y cariño nos han tratado siempre.

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