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May
31

Las claves del sol

Aunque el 80% de los españoles sabe que las radicaciones solares son perjudiciales para su piel, solamente el 20% usa correctamente la protección adecuada, según datos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Esto se debe a que la mayoría ignora las pautas precisas para ello.
 
El sol en sí no es malo. De hecho, tiene efectos fisiológicos positivos sobre el organismo: produce vasodilatación, por lo que reduce la tensión arterial –de ahí ese efecto placentero que nos causa– y favorece la circulación sanguínea periférica, estimula la síntesis de vitamina D, que previene del raquitismo y la osteoporosis, y actúa como tratamiento en algunas enfermedades de la piel como el acné, la psoriasis, etcétera. Es más, «en algunos casos estimula la síntesis de los neurotransmisores cerebrales responsables del estado anímico, quizá por eso se relaciona a los países cálidos con la alegría y la juerga y a los países fríos con la seriedad y la depresión», afirma el doctor Julián Sánchez Conejo-Mir, presidente de Honor de la AEDV y experto que explica los efectos del sol y cómo protegernos.
El problema es que nuestra piel recibe diariamente mucha radiación solar: la más fácil de detectar es la directa del sol, pero a esta hay que sumarle la difusa (llega a la superficie de la tierra después de haber sufrido cambios a través de la atmósfera terrestre) y la reflejada que nos llega de «rebote». Así, cuando vamos a la playa recibimos de lleno las tres: la directa, cuando estamos al sol; la difusa (mayor en días nublados, cuando hay mucha contaminación o en invierno) y la reflejada, la que nos llega desde la arena o el agua, que actúan como un espejo. Por eso, para saber la cantidad de sol que recibimos, deberíamos sumar las tres y el resultado siempre va a ser mucho, de ahí la importancia de no exponerse por periodos prolongados al sol y de protegerse bien.
Los efectos de una exposición al sol sin una protección correcta, que depende del índice de radiación ultravioleta (UV), de las horas que vayamos a estar expuestos a ella y de nuestro fototipo, son:
 
Quemaduras solares: Es el efecto más inmediato. La piel se pone roja, caliente, hinchada y pueden aparecer ampollas. Si no se curan bien pueden dejar manchas durante meses o cicatrices de por vida. Quemarse alguna vez no produce ningún tipo de problemas más allá de estos, pero la quemadura repetida es uno de los factores más importantes en el desarrollo del cáncer de piel. El bronceado es también el resultado de un daño en la piel y se produce porque cuando los rayos UV penetran en la piel, esta se protege produciendo más pigmentos o melanina.
 
Envejecimiento prematuro: la piel en general, y en particular la de la cara, el cuello y las manos, se ve expuestas a un proceso de fotoenvejecimiento en el que nuestra piel llega a tener 10 o 15 años más de los que dice nuestro carnet. Irán apareciendo manchas, arrugas telangiectasias (venitas rojas) y laxitud. Esto se debe a la paulatina ruptura de las fibras de colágeno a un ritmo mayor que el producido por el paso del tiempo. Las arrugas serán más marcadas y la flacidez cutánea más intensa.
 
Reacciones alérgicas: Hay personas que desarrollan reacciones a los medicamentos solo cuando se exponen al sol. Los más peligrosos son los antiinflamatorios, antibióticos (sobre todo tetraciclinas), píldoras anticonceptivas, cremas con retinoides y antidepresivos.
Cáncer de piel: La radiación UV va a ir deteriorando progresivamente el ADN celular. A largo plazo, los rayos UVB son absorbidos por el ADN y causan alteraciones en el genoma y los UVA se transforman en radicales libres, que alteran el material genético y saturan los sistemas defensivos de la piel. Aunque esto ocurre a diario al exponernos al sol, nuestro organismo tiene un sistema de corrección, la proteína p53. Pero llega un momento en el que esta no puede corregir un daño excesivo y repetido, apareciendo lesiones premalignas y malignas como carcinomas y melanomas. Pero todo se puede prevenir con unas buenas pautas de protección solar.
 

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